¿Por qué la familia no acepta el diagnóstico de autismo en un hijo?
Con frecuencia, son los propios padres los que no pueden aceptar el diagnóstico de autismo en un hijo. Esto es debido a varios factores.
Lidiar con una realidad desconocida
Afrontar los miedos
En primer lugar, al vértigo que supone tener que afrontar una realidad desconocida, que no esperaban que ocurriese y que termina con las expectativas que habían proyectado respecto de ese niño. En cierta medida, podríamos decir que se desencadena un duelo.
Por otro lado, también se debe a los diversos temores que surgen una vez conocida la noticia. Por ejemplo, el miedo a no saber estar a la altura, a no poder cuidar y acompañar al niño en sus necesidades adecuadamente o a que la vida propia y la del hijo se conviertan en un sufrimiento constante (ya que esta es la imagen que muchas veces tenemos del autismo). Y, sobre todo, el miedo al rechazo, a la incomprensión y a la burla por parte del entorno. Ante este cúmulo de emociones, que sin duda resultan difíciles de procesar, negar el diagnóstico puede ser un mecanismo de defensa y de afrontamiento inicial.
La desinformación y los mitos asociados
Además, hay otros motivos que contribuyen a la negación del diagnóstico por parte de la familia. Por ejemplo, la desinformación y los mitos asociados con el autismo pueden llevar a pensar que se trata de algo transitorio, que realmente no es tan grave y que con los años desaparecerá.
Este tipo de insinuaciones y creencias suelen ser muy sostenidas por la familia cercana, quienes pueden recomendar a los padres todo tipo de curas y restar relevancia a la neurodivergencia del niño.
Lo cierto es que existen terapias diversas que pueden ayudar a los niños en el espectro autista a mejorar su bienestar y su funcionamiento. Sin embargo, no hay una cura porque no hablamos de una enfermedad, sino de una forma diferente de ser y de percibir el mundo que merece comprensión y respeto.
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